La monja que habló con la AP sobre su incidente del 2000 durante su confesión en una universidad de Bolonia aferró su rosario mientras contaba los detalles.

Cuenta que ella y el cura estaban sentados uno frente al otro en un aula de la universidad. En determinado momento, el sacerdote se levantó y trató de violarla. Pequeña pero fuerte, ella lo empujó y se lo sacó de encima.

Luego continuó la confesión. Pero el incidente, y otro episodio en el que otro cura le hizo insinuaciones sexuales un año después, la impulsaron a no volver a confesarse con ningún otro cura que no fuese su padre espiritual, quien vive en otro país.

“El sitio de la confesión debería ser un sitio de salvación, libertad y misericordia”, dijo la monja. “Por esta experiencia, la confesión pasó a ser un sitio del pecado y de abusos de poder”.

Indicó que en una ocasión un cura al que le contó lo sucedido le ofreció disculpas “en nombre de la iglesia”. Pero dijo que no se tomaron medidas contra su agresor, quien era un prominente profesor universitario.

La mujer contó su historia a la AP sin saber que en ese mismo momento se realizaba el funeral del cura que intentó abusar de ella 18 años atrás.

La monja dijo que la muerte del cura combinada con su decisión de dar la cara le sacaron un gran peso de encima.

“Me libero por partida doble: Me saco de encima el peso de la víctima y me libero de una mentira y de una violación de un cura”, expresó. “Espero que esto ayude a que otras monjas se liberen y se saque este peso”.